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05 mayo, 2018

¿Darwin o la vergüenza?



Es verdad que se ha roto algo importante. Cuesta identificar lo qué. Algunos dicen que además de la muerte de Dios, se habría producido la muerte de Darwin y con ello se habría dado rienda suelta a todos los dislates posibles. Algunos se echan las manos a la cabeza porque creen que todo se puede ir al traste, que en esta civilización del bienestar se ha perdido la noción de realidad, y que dada su aparente estabilidad, algunos piensan que nada importa qué se derribe porque siempre aguantará.

Otros nos recuerdan las leyes de la termodinámica, el principio de entropía, que lo que no se cuida se acaba perdiendo, que la condición humana impelida por un mundo ciego en constante mutación está hecha de caminar más que de estar sentado, de esforzarse más que de dormir en el sofá, de trabajar más que de instalarse en la zona de confort. La cuestión sigue sin embargo siendo ¿a quién hago caso? Y ahí nos tropezamos con el obstáculo adicional de que nos han educado en la idea de que todos los relatos valen igual. Que la razón y la lógica son mitos, en cualquier caso subjetivos.

La verdad no existe, es una invención de los poderosos para mantenernos dominados dicen los posmodernos. No sin cierta contradicción porque quienes lo dicen lo hacen en la convicción de que entendamos que esa afirmación sí sería verdad. Y en ese momento pienso en dos cosas, si no estaremos ante la misma contradicción de alguien que dice que todos y todas mienten esperando que creamos que ese todos no lo incluye a él o ella y su afirmación, y la segunda, que si la verdad no existe nada sería mentira, ergo todas tendrían cabida. Y ahí la contradicción se me hace imposible, como cuando varones blancos heterosexuales pretenden que se les debe dar el poder para acabar con la dominación de los varones blancos heterosexuales.

Después de leer esta entrevista con Antonio Escohotado: http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2018/04/08/5ac79301468aeba2568b4648.html me tentó visionar los videos de los encuentros de éste con Pablo Iglesias y Monedero. Me sorprendió la endeblez del argumento de este último cuando dice que él nunca ha militado en un partido comunista. Como si el ideario no admitiera más de un instrumento. Pero llevado de mi deseo por saber más me tropecé con un Monedero que quizá para mostrar su profunda conciencia social explicaba cómo entre los barrios más pobres de Madrid y los más ricos la esperanza de vida podía abrir una brecha de 10 años.

Y ahí lo dejé porque jamás le había oído decir nada en relación con los 7-8 años de brecha entre los hombres y las mujeres en esa misma esperanza de vida, y me acordé de que ya en otra ocasión y a propósito del suicidio vi que estuvieron muy preocupados mientras lo relacionaban con la crisis económica y las políticas del PP, pero jamás volvieron a mostrar el más mínimo interés por dicho tema a pesar de los 10 diarios, de ellos casi 8 varones, que se vienen produciendo en nuestro país desde hace décadas. Y entonces caí en la cuenta de qué era lo que se había perdido. Lo que algunos habían perdido era el sentido del ridículo y la vergüenza.



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