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06 diciembre, 2016

La eterna juventud del feminismo


El feminismo vive en una permanente juventud. No debe sorprender por tanto que nos encontremos con un titular como éste: Feminizar la política: ¿en la igualdad o la diferencia?,  con el que pareciera que se quiere colocar la primera piedra de un edificio que no se ha empezado a construir. Como si nada hubiese pasado y nada supiésemos de discriminación positiva, paridad o listas en cremallera, como si no fuera cierto que como resultado de una de esas listas Eduardo Madina dejó de ser diputado en las elecciones de diciembre de 2015, como si Susana Díaz no estuviese gobernando en Andalucía, o resultasen ajenos a la política nombres como los de Rita Barberá, Rosa Díez, Esperanza Aguirre, Carmen Chacón, Ada Colau o Manuela Carmena. Un titular como tantos otros del feminismo que pareciera querer prescindir de la historia y nos situase ante algo desconocido o novedoso. 

El feminismo, hijo como tantas otras cosas de la Ilustración, despegó definitivamente en la Europa liberal de la mano de John Stuart Mill para girar muchos grados y pasar a formar parte de los movimientos sociales y políticos marxistas y libertarios del XIX y el XX  y conseguir su autonomía e independencia con el movimiento sufragista, para en la década de los 60 del siglo pasado hacerse pasar por una minoría más, momento del  nacimiento del feminismo radical y posteriormente del de género, y acabar desembocando en las actuales políticas de paridad y discriminación positiva desarrolladas por los Estados y las organizaciones supranacionales en las últimas décadas del siglo XX, con algunos desfases temporales y aspectos singulares según los países. Un movimiento que ni ha inventado el liberalismo, ni el marxismo, ni el postmodernismo pero ha sabido sacar de cada una de esas corrientes y sus momentos históricos  lo mejor sin hipotecar un futuro más pendiente de unos intereses que de la fidelidad a un enfoque filosófico determinado.

Su capacidad para la supervivencia y  adaptación al cambiante panorama ideológico de cada momento histórico a lo largo de estas dos últimos siglos: liberal primero, marxista después, sufragista más tarde y minoría en los 60, para acabar siendo asumido e institucionalizado por los Estados, las fuerzas políticas  y las organizaciones internacionales, ha sido prodigiosa y da muestras de una extensión, un vigor y una vigencia realmente inusitadas por comparación con cualquiera de sus contemporáneos. Eso explica que nos podamos encontrar tantas corrientes en el feminismo como momentos por los que ha pasado y así hay un feminismo liberal, y otro marxista, un feminismo de igualdad y otro de la diferencia, aunque con un carácter residual por comparación con el hoy predominante: el institucional o de género. Un movimiento tan atento y pegado a la realidad y las conquistas concretas y objetivables, como alejado de grandes utopías e ilusiones difícilmente alcanzables, y que quizá por ello ha resultado ser mucho más eficaz y rentable para el colectivo que representa que cualquier otro movimiento social de los siglos XIX y XX.

Un feminismo empeñado en la intercambiabilidad de los sexos y en la imposición de una paridad en muchos casos imposible -en otros hay una renuncia nunca explicada, por ejemplo, los trabajos manuales y de esfuerzo-, tanto como en pretender que el varón lo domina todo incluidas las leyes del mercado, y así poder imponer a las mujeres no solo un menor salario también un mayor precio a los productos femeninos. Incluso de las de la naturaleza como cuando dicen que la maternidad ha sido una imposición masculina. Un feminismo para el que la desigualdad en el resultado es aducida como desigualdad de oportunidades. Y en este caso también con un criterio muy selectivo, por ejemplo, vale para las carreras técnicas pero no para la jurídicas o sanitarias… Un feminismo con el que hay que evitar  cualquier afirmación categórica dada su ambivalencia. Y en fin,  un feminismo que como bien se recoge aquí se ha puesto de espaldas a la ciencia y niega la naturaleza humana. 


21 noviembre, 2016

Posverdad



El Diccionario Oxford ha elegido post-truth (posverdad) como palabra del año con el siguiente significado: “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Y en buena medida pretende verbalizar lo sucedido con el Brexit o la victoria de Donald Trump. Cosas ambas que muchos lamentan.

Y a mí se me ocurre que no se puede decir durante décadas que la Ilustración ha muerto y la razón mejor guardada en un cajón, porque lo verdaderamente importante son las emociones y el mundo de los sentimientos. Decir que lo que toca es posmodernidad y que, verdad cada uno tiene la suya y todas deben valer por igual.

Que la ciencia y la educación deben subordinarse a criterios moralistas, los conocimientos no son importantes y las evaluaciones escolares o de los servicios públicos deben proscribirse por “fachas”. Y quien diga otra cosa es un antiguo que desconoce lo (políticamente) correcto. O peor un neoliberal.

No se puede dar carácter de filosofía de Estado a una visión como la de género que fulmina a las personas para convertir a los varones en un grupo de dominación e intereses. Una ideología que establece verdades apodícticas y, en esta cuestión sí, proclama que solo hay y solo puede haber una verdad que es la suya, y que carece de sentido cualquier apelación al debate público, mucho menos a la libertad de pensamiento.

No se puede decir y hacer todo lo anterior y ahora lamentarse de que los partidarios del Brexit o Donald Trump hayan recurrido a las mismas armas para llevarse su gato al agua, y apelando a las entrañas y lo emocional, al nacionalismo y el cerrar filas, hayan triunfado con sus propuestas en sus respectivos países. No se puede combatir al populismo allanándole el camino y brindándole todos los instrumentos que su éxito precisa.


07 noviembre, 2016

Cómo está el patio feminista



Se trata de sendos artículos: el primero de María Pazos Morán en El Periódico y el segundo de Patricia Merino en Público, sobre la iniciativa legislativa de igualar los permisos paterno y materno en 16 semanas. Ambas feministas y en medios de izquierda pero con criterios opuestos en cuanto a la conveniencia de la medida. Juzgad por vosotros mismos la consideración que les merece el llamado superior interés del menor y el del padre.


Permitidme solo un párrafo del de María Pazos: “En el empleo, si eres hombre tendrás más probabilidad de ser jefe, electricista, metalúrgico o cualquier otra profesión "masculina", mientras que si eres mujer es más probable que seas precaria, cuidadora, maestra o enfermera. ¿No es equivalente a la segregación racial o al sistema de castas?”


Y otro del de Patricia Merino: “La propuesta ha sido alegremente aprobada por el Congreso sin oposición, por lo que presumiblemente el nuevo gobierno se pondrá manos a la obra para orquestar una medida que es agraviante para las madres españolas, y dañina para las criaturas que nacen en este país. No sería sorprendente que sean capaces de implementarla sin consultar la opinión de la ciudadanía y de las madres reales, puesto que, de hecho, sus intereses y sus demandas son ignorados en esta reforma. Es difícil imaginar que quienes han votado a favor de la propuesta crean realmente que tales permisos puedan llevar a construir una sociedad más justa e igualitaria. Si la reforma finalmente se hiciera, y dentro de 10 o 15 años se constatara que tan generosa inversión sirvió sobre todo para extender las vacaciones de algunos empleados varones y para consolidar que la maternidad de las españolas sea la más devaluada de Europa, quizá entonces los políticos españoles comprenderán que su implantación fue un error.”


http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Segregacion-sexual-favor_6_576802353.html


http://blogs.publico.es/econonuestra/2016/10/27/permisos-iguales-e-intransferibles-o-como-incrementar-los-derechos-de-los-padres-en-el-pais-de-europa-donde-las-madres-disponen-de-menos-apoyos/#disqus_thread



06 noviembre, 2016

Cuando la ciencia lo tiene difícil

Como digo en un comentario de esta interesante entrada: https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es,  después de quince años de la publicación de La Tabla Rasa, de Steven Pinker el feminismo de género no solo no ha perdido impulso, más bien al contrario, se ha convertido en un cierto paradigma para otros movimientos sociales de éxito.

Y sus notas: culturalismo, victimismo y negación de la naturaleza humana, parecen gozar de envidiable salud. Porque como digo en ese mismo comentario las reglas de la sociedad no son las de la naturaleza, ni tan siquiera las de la lógica más común, sino las del poder y en cuanto a poder nadie le discute hoy la primacía al feminismo de género, sea que lo veamos desde el punto de vista social sea que lo hagamos desde el punto de vista político.

Algunos creyeron que dado que lo expuesto por Steven Pinker en ese libro, particularmente el capítulo XVIII, en modo alguno pudo ser rebatido por el feminismo de género, más bien al contrario demostraba el carácter ideológico de muchos de sus postulados, de algún modo eso supondría un cierto derrumbe al menos en el terreno académico, pero nada de eso ha sucedido ni en el terreno cultural y académico, mucho menos en el político.

El feminismo de género no solo es un pensamiento promovido por los poderes públicos y ampliamente sostenido en la Universidad, ha conseguido también importantísimas palancas de poder en los medios de comunicación y constituye filosofía de Estado en países como el nuestro. Constituye una cierta forma de pensamiento único compartido por multitud de ideologías desde la extrema izquierda a la derecha, pasando por todos los estadios intermedios.


Y sobre todo se ha convertido en una ideología que cuando uno se atreve a discutirla se da cuenta de su verdadero poder y la enorme dificultad, por no decir imposibilidad, de debatirla porque a todo lo anterior le han sumado un cierto carácter sagrado e intocable  que hace que quien la pone en cuestión sea situado más en el terreno de la disidencia, que en el del debate ideológico entre posturas encontradas. Ese es a mí entender el porqué de la fortaleza de la perspectiva de género, a pesar de lo que supone de encontronazo con el pensamiento ilustrado y la ciencia.  


03 noviembre, 2016

Permisos de paternidad y maternidad

El Congreso ha aprobado el mes pasado una iniciativa legislativa para igualar los permisos de paternidad y maternidad en 16 semanas. Así lo recoge por ejemplo el diario El País. La lectura del artículo tiene interés para conocer la situación actual en nuestro país y algunos otros de nuestro entorno y saber de qué realidad partimos. http://politica.elpais.com/politica/2016/10/18/actualidad/1476785011_903428.html

Pues bien algo que podía presentarse como una equiparación real de hombres y mujeres en algo tan esencial como la posibilidad de actuar como padre y madre desde el primer momento y gozar de las mismas oportunidades de contacto con el hijo, en realidad prescinde de eso para argumentar que si se busca esa igualación es para no perjudicar a la mujer, ni perpetuar roles machistas.

De ahí por ejemplo que buena parte de los promotores no sean igual de partidarios de la custodia compartida. Ni lo de los roles machistas algo muy preciso, porque cada día que pasa tiene un mayor campo de aplicación y vale como arma arrojadiza prácticamente para todo. Estos días escuché hablar de machismo empresarial ¡porque hay más autónomos que autónomas!

Y ahora en las páginas de El País se preguntan si decirle a una compañera: ¡Qué guapa estás hoy! es o no un acto machista. Ni qué decir tiene que en esta igualdad sin reciprocidad, no tenga sentido plantearse si cuando es ella la que usa esa expresión con compañeros y compañeras merecería alguna consideración especial.     



23 octubre, 2016

Dichosa izquierda

Estamos de corrupción hasta las cejas. Pero hay de una de la que no se habla, la corrupción de la ideología, la corrupción del pensamiento y, si bien se mira, más importante que cualquier otra sea ésta económica o de otro tipo. Corrupción de la que participan casi todos aunque a mí me sorprende más en quien apenas tiene experiencia de gobierno y ya han quemado tantos barcos y han barrido tantas cosas.

De quienes se han presentado como paradigmas de democracia y practican el más puro leninismo organizativo: disolviendo agrupaciones y quitando y poniendo cargos,  de quienes venían para ensanchar la democracia y ahora no quieren que se hable de Grecia o Venezuela, de que por universitarios y jóvenes transformarían la política y la vida social pero todavía no han tenido una sola idea que los ciudadanos podamos entender como aportación y, más bien observemos un buen número de marchas atrás como su pretendida austeridad: Colau y Carmena ganan más que el presidente del Gobierno.

Y ahora nos vienen con la socialización del sufrimiento. Con asustar y meter miedo. Defendiendo acciones llevadas a cabo con caretas y  capuchas. A defender la insolidaridad de las comunidades ricas que so pretexto de una pretendida singularidad no respetada pretenden ocultar una vindicación básicamente económica. A utilizar las insuficiencias de la U.E. no para plantearse cómo superarlas mediante avances en la dirección de una Europa federal, sino para situarse del lado de todos los rancios nacionalismos que se le oponen.  Una izquierda que considera la crisis demográfica como un “signo de modernidad”.

Al día siguiente de que se impidiera una conferencia de J.L. Cebrián y Felipe González en el aula Francisco Tomás y Valiente, los de Podemos depositaron ejemplares de un folleto sobre los Derechos Humanos en los asientos de la bancada azul. D.H. no para Cebrián y González  que al parecer o no son humanos o la libertad de expresión no está contenida en su folleto, y todo ello apelando a que no se puede “sacar pecho por el terrorismo de Estado” aunque quien esto dice entiende que a Otegui se le deben abrir las puertas de los Parlamentos.

Ese mismo día sí se permitió una disertación de Manuela Carmena a quien recibieron con un: guapa, guapa y ella concluyó con un enigmático vaticinio: “El mundo de la democracia representativa se está acabando”  que al parecer se combatiría con el empoderamiento de los individuos y las consultas ciudadanas, aunque de momento el ayuntamiento de Madrid las realice exclusivamente con carácter consultivo. Y  a pesar del enorme chasco de casi todas las celebradas últimamente en cualquier país del mundo: Grecia, Colombia, Reino Unido, Hungría…  y  por supuesto del hecho de que se planteen en un marco de democracia representativa, de otro modo estaríamos en los referéndums del franquismo.

Claro que los de su misma cuerda ideológica presentaron en su momento como un rasgo de superior calidad democrática el referéndum revocatorio chavista, aunque ahora pretendan imponernos que hayamos de guardar silencio sobre lo que sucede en Venezuela y la negativa de Maduro a aceptarlo. También habló  Carmena del estrechamiento de lazos con Ada Colau y la alcaldesa de París y de la democracia de las mujeres,  que quiero suponer situará en un ámbito de democracia representativa y  que sus palabras no posean contenido sexista aunque no oculta la superioridad de su propuesta, porque esa política no estaría tan orientada a la gestión como al cuidado.

Casta, régimen del 78, “papelito”… Hasta la “leyenda negra” fabricada a partir del siglo XVI por quienes recelaban del poder español, tiene hoy más apoyos en sus filas que entre los estudiosos del tema o fuera de nuestras fronteras. No digamos la constante puesta en cuestión de nuestras instituciones por parte de los nacionalistas separatistas, en un juego en el que no solo se borra esa barrera que otras veces se invoca entre derecha e izquierda, también de la solidaridad entre territorios, sino que la insurgencia de unos refuerza la de los otros dado que existe coincidencia en el objetivo de minar las bases de nuestro marco de convivencia.

Una izquierda a la que no solo le cuesta aceptar las reglas de la democracia, también se le hace cuesta arriba la asunción de la realidad misma. Dijo Bescansa que si solo votaran los menores de 45 Iglesias ya sería presidente. Pero lo cierto es que ni el mundo, ni la vida, se acaban a los 45. Poca ideología y poco pensamiento hay en la juventud como valor absoluto, máxime si la nuestra se nutre en una gran proporción de ni-nis, que viven con sus padres hasta bien mayores sin ocasión de independizarse y  emplearse, y por tanto sin experiencia laboral.

De ahí a insultar a todo aquel que no comulga con sus ideas no hay más que un pequeño paso, y en una extraña simbiosis y confluencia de pareceres con el nacionalismo las declaraciones contra quienes no piensan igual no paran de sucederse. Solo hay que ver los comentarios vertidos con ocasión de las últimas elecciones gallegas, algunos de ellos de diputados de En Marea, o que el sociólogo Manuel Castells calificase de “viejos caciques” a los barones socialistas que no apoyaban a Sánchez, o Rufián calificando a C’s como lo peor que le pudo suceder a Cataluña.  

Una izquierda de la que hemos leído muchos más ataques a Inditex y Amancio Ortega que a las multinacionales y las grandes compañías de la informática e Internet que escaquean sus impuestos en nuestro país y en el mundo entero, una izquierda que al igual que cualquier derecha, o centro, habla de las clases medias como las grandes perjudicadas de la crisis, como si la clase baja no existiese o hubiese desaparecido del mapa, una izquierda que ha abrazado la ideología de género con la fe del converso y participa de su misma corrección política y pensamiento único.

Una izquierda incapaz de defender la custodia compartida, o de analizar y dar respuesta al porqué del fracaso escolar masculino, una izquierda cómplice del silencio que reina sobre la siniestralidad laboral, la nunca explicada ausencia de un Plan Nacional para combatir el suicidio y en general todo aquello en que la principal víctima es masculina. Una izquierda que participa de todos los sofismas e incongruencias del pensamiento de género que cada día con más fuerza se construye desde la disyuntiva maniquea de buenas y malos.


Una izquierda, en fin, que ha renunciado al futuro que parece no interesarle, que ha renunciado a los valores sobre los que alguna vez quiso construirse: ilustración, igualdad, futuro… para vivir enfangada en un pasado que son incapaces de interpretar y superar, para abrazar un pensamiento mágico que tiene remedios inmediatos y universales para todo, con la salvedad de que obvia que la realidad está llena de obstáculo y accidentes objetivos y objetivables y no solo de mala voluntad de unos cuantos. Obstáculos y accidentes que no basta con suponer no existentes como Bescansa hace con los mayores de 45.